2026-01-05

“Acompañar desde casa: orden, cuidado y bienestar en la comunidad escolar"

“Somos lo que hacemos día a día. De modo que la excelencia no es un acto sino un hábito" Aristóteles.

“Acompañar desde casa: orden, cuidado y bienestar en la comunidad escolar
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Psic. Anaelena Huelgas Lara (Coordinación de Psicopedagogía)

 

“Somos lo que hacemos día a día. De modo que la excelencia no es un acto sino un hábito”. Así lo planteó Aristóteles en su tiempo y ¡qué razón tenía! Aun cuando podríamos considerar la formación de hábitos como una tarea fácil, esto requiere compromiso y constancia.

Y ¿en dónde está la clave para sentar un precedente? en el ejemplo que como adultos podemos dar, en casa y en el Andes. No son las palabras las que los forman, sino cómo actuamos en lo cotidiano. Somos observados y seguidos con ojos atentos y curiosos que replican lo que ven.

La formación de hábitos de orden y limpieza en la educación y principalmente en las etapas tempranas de primaria, constituye un pilar fundamental para el desarrollo integral de los estudiantes y para la construcción de ambientes escolares propicios para el aprendizaje significativo. Mantener la mochila organizada, los útiles escolares en su lugar y el aula limpia no solo favorece la autonomía y la responsabilidad en los niños y niñas, sino que también contribuye a la creación de rutinas estables que brindan seguridad emocional. Cuando el alumnado aprende desde edades tempranas a cuidar sus pertenencias y el espacio común, internaliza normas de convivencia que se reflejan positivamente en su comportamiento y disposición para aprender.

Desde el punto de vista pedagógico, el orden y la limpieza tienen un impacto directo en los procesos cognitivos. Un entorno organizado reduce la distracción visual y facilita la concentración, permitiendo que el estudiante centre su atención en las tareas académicas. Por ejemplo, un alumno que mantiene su mochila ordenada localiza con mayor rapidez sus materiales, lo que evita interrupciones constantes y pérdida de tiempo durante la clase. Este tipo de prácticas favorece el aprendizaje significativo, ya que el estudiante puede relacionar los nuevos contenidos con experiencias positivas de organización, control y logro personal, fortaleciendo su autoestima y motivación intrínseca.

La colaboración de los padres y madres de familia del Andes resulta esencial para consolidar estos hábitos, ya que la escuela y el hogar comparten la corresponsabilidad educativa. Revisar diariamente la mochila, supervisar los materiales que se llevan al colegio y establecer rutinas de orden en casa refuerza lo aprendido en el ámbito escolar. Asimismo, esta supervisión permite prevenir el ingreso de accesorios innecesarios o potencialmente riesgosos —como juguetes, objetos con bordes filosos, material inadecuado en el ámbito escolar o dispositivos electrónicos no autorizados— que pueden generar distracciones o situaciones de riesgo para la comunidad escolar.

En la práctica, estas acciones conjuntas tienen un impacto directo en el aprendizaje. Por ejemplo, cuando un grupo de estudiantes mantiene su espacio de trabajo limpio y organizado, el docente puede dedicar más tiempo a la enseñanza y menos a la gestión del desorden. Además, proyectos como “el encargado del orden del día” o listas de cotejo para revisar mochilas fomentan la participación activa del alumnado y el aprendizaje de valores como la cooperación y el respeto. Estas experiencias favorecen la construcción de aprendizajes significativos al vincular los contenidos académicos con hábitos de vida diaria.

En conclusión, la formación de hábitos de orden y limpieza no debe entenderse como una tarea aislada, sino como un proceso formativo integral que requiere la participación activa de la escuela y la familia. La corresponsabilidad entre docentes, estudiantes y padres de familia fortalece la convivencia escolar, previene riesgos y crea condiciones óptimas para el aprendizaje significativo. Educar en el orden y la limpieza es, en esencia, educar para la vida, promoviendo competencias que acompañarán a los estudiantes más allá del aula.

Para poner en práctica estos hábitos, te dejo algunas sugerencias prácticas que te pueden ayudar a fortalecer la formación de tus hijos e hijas.

  • Revisar diariamente la mochila junto con sus hijos e hijas, verificando que lleven únicamente los materiales solicitados por la escuela y necesarios para la jornada.
  • Establecer rutinas en casa para ordenar la mochila y los útiles escolares, preferentemente por la tarde o noche, fomentando la responsabilidad y la anticipación.
  • Acompañar, no sustituir, permitiendo que los niños y niñas participen activamente en la organización de sus pertenencias, guiándolos con paciencia y constancia.
  • Evitar enviar juguetes u objetos ajenos al trabajo escolar, explicando a sus hijos por qué es importante mantener la atención en el aprendizaje y el cuidado del grupo.
  • Supervisar que los materiales escolares sean adecuados y seguros, priorizando aquellos que favorezcan el trabajo académico y el bienestar de la comunidad escolar.
  • Promover el valor del orden como parte de la vida diaria, reforzando con el ejemplo hábitos de limpieza y organización en casa.
  • Mantener comunicación constante con los docentes del Andes, para conocer indicaciones, acuerdos y necesidades específicas relacionadas con los materiales escolares.
  • Reconocer y reforzar positivamente cuando sus hijos demuestran responsabilidad en el cuidado de sus pertenencias y del espacio común.
  • Explicar la importancia del cuidado colectivo, ayudando a que los niños comprendan que sus acciones influyen en la seguridad y el aprendizaje de todos.
  • Fomentar la autonomía progresiva, adaptando las responsabilidades a la edad y madurez del niño o niña, fortaleciendo su confianza y sentido de logro.

Recuerda que cuando familia y escuela caminan juntas, el orden se convierte en aprendizaje y el aprendizaje en bienestar para todos.

 

Referencias bibliográficas

· Ausubel, D. (2002). Adquisición y retención del conocimiento: Una perspectiva cognitiva. Barcelona: Paidós.

· Delors, J. (1996). La educación encierra un tesoro. Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI. París: UNESCO.

· García, F. & Musitu, G. (2014). Familia y educación. Madrid: Síntesis.

· SEP (2017). Aprendizajes clave para la educación integral. Ciudad de México: Secretaría de Educación Pública.