2026-01-27
Desregulación del sistema nervioso: el sistema de alerta en los niños y cómo afecta al aprendizaje
Cuando el cerebro está en modo de defensa, no puede estar en modo de aprendizaje.
Psic. Michelle Sesin Alam
Cuando el cerebro está en modo de defensa, no puede estar en modo de aprendizaje. Esta afirmación es clave para comprender muchos de los cambios que viven los niños y adolescentes, especialmente durante la adolescencia temprana, una etapa de grandes transformaciones a nivel emocional, físico y neurológico.
En el Andes Puebla, escuela con valores, creemos firmemente en la educación integral bilingüe, la excelencia académica y el bienestar emocional escolar como base del aprendizaje y la formación integral de nuestros alumnos. Por ello, acompañar a las familias en la comprensión de estos procesos forma parte de nuestro compromiso como instituto educativo en Puebla.
Cambios que a veces confundimos con “la edad”
Algunos papás notan en sus hijos cambios repentinos: mayor irritabilidad, desmotivación, desorden, retraimiento o dificultad para concentrarse. Muchas veces estos comportamientos se atribuyen únicamente a la edad; sin embargo, en algunos casos pueden estar relacionados con una desregulación del sistema nervioso, especialmente si el niño ha atravesado experiencias emocionalmente significativas.
Durante la adolescencia temprana, el cerebro vive una verdadera revolución. El sistema nervioso puede entrar en modo de alerta con mayor facilidad, y factores como el estrés escolar, el ambiente familiar, el exceso de estímulos digitales o la falta de sueño pueden intensificar esta respuesta.
¿Qué es la desregulación del sistema nervioso?
Nuestro cuerpo cuenta con un sistema nervioso autónomo, encargado de activarnos o calmarnos según lo que percibimos como seguro o amenazante.
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Modo de defensa (sistema simpático): se activa ante una amenaza. El cuerpo entra en alerta, el corazón se acelera, los músculos se tensan y el cerebro se enfoca en sobrevivir. Aparecen emociones como miedo, enojo, huida o bloqueo.
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Modo de calma (sistema parasimpático): se activa cuando hay seguridad. El cuerpo y el cerebro se relajan y se abren al aprendizaje.
Cuando un niño permanece demasiado tiempo en modo de defensa, se presenta la desregulación.
¿Por qué es más frecuente en esta etapa?
En esta etapa, la corteza prefrontal, encargada del autocontrol, la atención y la toma de decisiones, aún no está completamente madura, mientras que el sistema límbico, relacionado con las emociones, se encuentra muy activo. Esto genera una mayor sensibilidad al estrés, a los cambios, a las críticas y a la presión social.
A esto se pueden sumar factores externos como:
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Exceso de pantallas y estímulos digitales
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Poco descanso
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Ambientes familiares tensos
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Presión académica
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Experiencias emocionales intensas o no resueltas
Por ello, incluso en contextos de excelencia académica y ambientes de aprendizaje seguros, es fundamental mirar al niño de forma integral.
¿Cómo se manifiesta la desregulación?
Cada niño puede expresarla de forma distinta:
Hiperactivación (lucha o huida):
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Irritabilidad constante
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Dificultad para concentrarse
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Reacciones exageradas
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Ansiedad, tensión corporal o insomnio
Hipoactivación (congelamiento):
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Apatía o desinterés
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Cansancio extremo
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Baja motivación
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Desconexión emocional
Ambos estados interfieren directamente con el aprendizaje de los alumnos, ya que el cerebro no logra organizar ideas, razonar o participar activamente.
¿Cómo afecta al aprendizaje?
Cuando el sistema nervioso está desregulado:
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El cerebro se enfoca en protegerse, no en aprender
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Disminuyen la memoria, la atención y el razonamiento
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Se dificulta el control de impulsos y la gestión emocional
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El niño puede sentirse frustrado, inseguro o incapaz
Por eso, antes de enseñar contenidos, es necesario regular. Ninguna estrategia académica funciona si el niño no se siente seguro.
¿Qué podemos hacer desde casa?
Desde la familia se puede brindar un acompañamiento cercano que favorezca la regulación:
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Validar emociones sin minimizarlas
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Establecer rutinas predecibles y seguras
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Crear momentos diarios de conexión
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Promover actividades reguladoras como respiración, arte y movimiento
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Escuchar sin corregir de inmediato
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Cuidar hábitos de sueño, alimentación, hidratación y entorno
Estas acciones fortalecen los ambientes seguros, tan necesarios para el desarrollo emocional y académico.
Conclusión: primero se regula, luego se aprende
Este enfoque forma parte de nuestra visión educativa como Andes Puebla, donde promovemos una educación socioemocional, el acompañamiento cercano y la creación de ambientes de aprendizaje seguros, desde preescolar, primaria y secundaria.
Detrás de un niño que no rinde como se espera, que se frustra con facilidad o que parece desconectado, puede haber un sistema nervioso sobrecargado. No es flojera ni rebeldía, es una señal de que necesita apoyo.
En Andes Puebla, como colegio católico, bilingüe y con estándares internacionales, creemos que educar es acompañar. No siempre podemos evitar el estrés en la vida de nuestros hijos, pero sí podemos ofrecerles espacios de contención, escucha y seguridad. Cuando un niño se siente seguro, se abre a aprender, crecer y conectar.