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La música y su impacto en la educación.

La música y su impacto en la educación.

La música aumenta la capacidad de memoria, atención y concentración.

Mucho se ha hablado y escrito de los beneficios y/o daños que generan en la educación los dispositivos electrónicos (Laptop, tabletas, teléfonos celulares, etc.), pero al final solamente es cuestión de que el docente tenga la habilidad de saber usar estas herramientas dentro de su clase.

¿Y qué pasa con la música? ¿También será un distractor? ¿Tendrá algún beneficio?

Estudios científicos señalan que la música tiene efectos positivos en el desarrollo cognitivo, creativo, intelectual y psicológico de los niños. Incluso se ha demostrado que la música estimula el hemisferio izquierdo del cerebro, el encargado del aprendizaje del lenguaje, los números y el uso de la lógica.

Les comparto un fragmento de una entrevista que le hicieron a Anna Díez Bereziartua[1], docente de música: «Que la música aumenta la capacidad de memoria, atención y concentración de los niños no es nada nuevo. Como tampoco lo es la relación existente entre música y matemáticas» nos dice. Pero vayamos por partes. «El trabajo melódico favorece la memorización de textos y la correcta acentuación de las palabras e incluso mejora la dicción. El trabajo auditivo con melodía y timbre beneficia la capacidad de concentración y el aprendizaje de otras lenguas. Mientras que el trabajo rítmico ayuda a la comprensión de las relaciones matemáticas», cuenta Anna Díez.

Podemos inferir de este primer párrafo que entonces la música ayuda a interrelacionar conocimientos. Y esto es fabuloso, ya que no sólo sería que los alumnos escucharan música para ambientarse, sino que se buscaría que el tipo de música que escuchen tenga un propósito en particular.

«El aprendizaje musical ayuda a la sociabilización y fomenta la colaboración, el espíritu crítico y el respeto cuando se hacen actividades colectivas. Además, a través de las canciones se pueden aprender valores, hábitos, el alfabeto, las tablas de multiplicar, etc. Por ejemplo, podemos relacionar la tabla del número tres con el ritmo del vals. Es más, a partir del estudio de un instrumento se pueden trabajar muchas asignaturas: geografía (de dónde es originario), historia (cuándo apareció), matemáticas (tamaño y proporciones), física (acústica y sonoridad), plástica (dibujándolo o creándolo con distintos materiales) y todo lo que se le ocurra al profesor», comenta Anna Díez.

De este último párrafo surge la siguiente pregunta, ¿cualquier tipo de música genera el mismo efecto? ¿Dará lo mismo escuchar a Mozart que a Maluma? Si la música genera tantos beneficios, ahora imaginen el potencial que podría generar en sus hijos el que también tengan la oportunidad de aprender a tocar un instrumento y crear sus propias melodías.

 


[1] www.emagister.com